Por Martín Díaz / Periodismo con Firma
Hoy el IETAM tiene una cita con la historia, pero Ciudad Victoria tiene una cita con la decencia. Más allá de si Eduardo Gattás y Hugo Reséndez aparecen o no en una boleta electoral, lo que hoy se evalúa es algo mucho más profundo: si en Tamaulipas las instituciones están dispuestas a poner límites al poder o a normalizar la infamia como parte del juego político.
No se trata de un pleito menor ni de diferencias administrativas dentro del Cabildo. El expediente que hoy revisa la autoridad electoral apunta a conductas que encajan en uno de los supuestos más graves del marco legal: violencia política contra una mujer en razón de género, ejercida desde el poder público y utilizando recursos institucionales.
Los hechos señalados exhiben un método de hacer política que debería preocupar a cualquiera:
LA EXPOSICIÓN DE UN MENOR DE EDAD: Mediante la difusión de datos personales desde redes oficiales del Gobierno Municipal, vulnerando derechos fundamentales y cruzando una línea que ninguna autoridad debería tocar.
2. LA EMBOSCADA INSTITUCIONAL: La manipulación deliberada del orden del día en una sesión de Cabildo para ventilar asuntos privados y familiares de la Síndica, convirtiendo un espacio de gobierno en una herramienta de presión y escarnio público.
Conviene decirlo sin rodeos: el IETAM sí tiene facultades para sancionar este tipo de conductas. No es una cuestión de simpatías; es una responsabilidad legal. Guardar silencio o minimizar los hechos no sería prudencia jurídica, sería una decisión con consecuencias públicas.
La política no puede ser un cheque en blanco para la infamia. Si hoy el IETAM concluye que estos hechos no ameritan una sanción ejemplar, el mensaje sería devastador: que en Tamaulipas la violencia privada puede usarse como arma pública, siempre y cuando quien la ejerza tenga el control del mando.
Hoy la pregunta no es si serán candidatos. La verdadera pregunta es si existe la justicia cuando el agresor tiene el mando. Porque cuando el poder no tiene límites, la ley deja de ser justicia y se vuelve complicidad.
A las 3 de la tarde sabremos si la impunidad que presume Lalo Gattás es real o si la justicia realmente se aplica en Tamaulipas.
