Estadio Yuexiushan, testigo del auge y caída del futbol en Guangzhou

Guangzhou.- Miles de luces se ensamblan con una música de epopeya a lo largo de un muro curvo. Es necesario reiterar, son miles. Apenas al entrar parece que se está ante lo que será un partido de liga profesional; los ánimos y la afluencia indican que el evento no es menor. Los coros revientan en lo que después se descubrirá un “Jiāyóu, Guangzhou” –una expresión que en su polisemia se puede resumir en “¡vamos!”, “¡ánimo!” o “¡fuerza!”, Guangzhou.

Rápidamente se puede identificar que aquí los rojos mandan. Apenas en una franja se quedan los de amarillo como visitantes. Las porras no dejan de retumbar como si se tuviera enfrente a una de las más aguerridas barras. Y da inicio el torneo que, antes de dar paso a los jugadores del balompié, abre con un desfile de dragones, bailarines y botargas de delfines, que son la mascota oficial.

La situación tiene dos formas de leerse. La primera es el recinto, un estadio histórico casi tan antiguo como la República Popular China; y la segunda es esa convocatoria de miles a animar el juego de una liga amateur en un país donde la popularidad del futbol ha crecido como nunca, pero cuya selección nacional masculina ocupa el lugar 94 en el ranking de la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación).

Primero el recinto. El estadio Yuexiushan no es sólo un complejo deportivo ubicado desde hace tres cuartos de siglo en la ladera de la montaña Yuexiu, en Guangzhou, capital de la provincia de Guangdong –ambas traducidas como Cantón– y con capacidad para al menos 18 mil visitantes, sino que también tiene la mística de haber visto crecer y decaer al futbol cantonés y, de alguna manera, al de toda China.

De acuerdo con la recopilación de enciclopedias virtuales, la primera etapa del estadio Yuexiushan se construyó en seis meses de 1950, un año después de que se estableciera la República Popular China.

En su levantamiento participaron más de 17 mil personas, la mayoría voluntarios convocados por Ye Jianying, el primer alcalde de Guangzhou, pero también 5 mil trabajadores de la construcción a los que se les ofreció un pago diario de alrededor de cinco kilogramos de arroz.

Inmobiliarias y el balompié

Más allá de evocar esta idea de ser un estadio construido por el mismo pueblo, Yuexiushan ha llegado a albergar lo más alto de balompié chino. De manera muy breve, en 2010, fue la sede de Guangzhou Evergrande GAC, equipo que justo al final de ese año, ya sin el “GAC” del patrocinio automovilístico, dominaría el balompié del país en la próxima década. Todo antes de que la crisis del gigante inmobiliario Evergrande –su matriz y desde la que salían los millones de yuanes para contrataciones de élite– también arrastrara al equipo.

El Guangzhou Evergrande GAC sólo estuvo en la temporada de 2010, hacia adelante el Yuexiushan fue la sede del Guangzhou City Football Club, que desde 2011 era propiedad de R&F Group, también un corporativo inmobiliario. El club tuvo su temporada más exitosa en 2014, pero también la pandemia trajo presiones económicas a su grupo controlador, lo que terminó por impactar en la operación y finanzas del equipo hacia 2021.

Dos años después, los fondos insuficientes para llegar a un acuerdo con los acreedores y jugadores, llevaron a que el 29 de marzo de 2023 se comunicara la disolución del Guangzhou City como un equipo profesional, sumándose así a la crisis del futbol chino que en la última década había sido abultado financieramente por corporativos, sobre todo los inmobiliarios.

Esta noche ninguno de los que ocupan la cancha es una celebridad sobrepagada del balompié. De día bien podrían ser bomberos, ingenieros, programadores, estudiantes o incluso funcionarios públicos, pero ahora son futbolistas sobre los que se centra la atención de al menos 10 mil personas que en su mayoría corea “Jiāyóu, Guangzhou”.

La porra visitante, de Jiangmen, también en la provincia de Guangdong, no se intimida a la hora de vitorear a los suyos.

“Jinyuan Zuqiu”, el futbol de dinero

Esa es la segunda lectura. Aquí no hay cervezas ni otra bebida embriagante. Apenas y hay agua en la entrada para quien se decide a recorrer todo el estadio en búsqueda de un líquido que no sea esa bebida viral de Fengxing Milk, una “leche con sabor a pollo blanco cortado en trozos, jengibre y cebolleta” –que si uno lo piensa bien, sí sabe a todo eso– y que está incluida en un pequeño kit para disfrutar del partido.

La potencia asiática viene de una burbuja de billetazos en su futbol profesional, que en 2019 llevó a poner límites en los salarios tanto de locales como de futbolistas extranjeros. “Nuestros equipos han quemado demasiado dinero y nuestro futbol profesional no se ha dirigido de forma sostenible”, explicó en ese momento Chen Xuyuan, presidente de la Asociación China de Futbol, según declaraciones recogidas por la prensa especializada.

En esa década de 2010 hasta que se fijó el tope salarial, pasaron por el futbol chino algunos fichajes costosísimos como el de los brasileños Oscar dos Santos y Givanildo Vieira de Souza, Hulk, que jugaron para el Shanghái SIPG; lo mismo que Alex Teixeira y Ramires Gil Santos, también de Brasil, pero que formaron parte de las filas del Jiangsu Suning; y el colombiano Jackson Martínez, que pateó el balón en el Guangzhou Evergrande.

También durante esa época conocida como el “Jinyuan Zuqiu” (futbol de dinero), destacan los salarios y ninguno como el de Carlos Tévez, que fue parte del Shanghái Shenhua. De acuerdo con reportes periodísticos, por temporada en la Superliga china, el argentino cobró 40 millones de dólares, lo que en su momento le llevó a ganar más que Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, quienes se ubicaban como los astros del Real Madrid y del Barcelona, respectivamente.

Al final de esa época, según declaraciones que también se atribuyen a Chen Xuyuan, los futbolistas profesionales chinos estaban ganando casi seis veces más que sus pares en Japón y casi 12 veces más que los de Corea, lo que no se traducía en una liga igual de competitiva. De ahí el tope salarial –que entró en vigor en 2020 y que para este 2026 es de 5 millones de yuanes por jugador–, el cual no sólo buscaba evitar una crisis que no se logró –al final 39 clubes se esfumaron de la liga profesional–, sino dar un viraje para impulsar el talento local.

Esa es la resaca a cuestas, pero esta noche no se trata del “Jinyuan Zuqiu”, del futbol del dinero. Ahora es el arranque de la Superliga de Guangdong, en la que participan 21 ciudades de esta provincia –un símil a lo que son los estados en México–. El torneo impulsa la participación en el deporte base en toda la región y su principal requisito es que pueden participar jugadores profesionales.

Así, más allá de estrellas del balompié como el principal espectáculo, la convocatoria al partido inaugural de esta liga amateur, el pasado 25 de abril, convidó a algo más simple en el estadio Yuexiu-shan: “Shàngshān kàn qiú” (subir a la montaña a ver futbol).

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