Más de un millón de llantas al año: crisis vieja que sigue sin solución

Por José Gregorio Aguilar

Más de un millón de neumáticos se desechan cada año en Tamaulipas, y el problema de su acumulación se ha convertido en una crisis ambiental y de salud pública que arrastra décadas de promesas incumplidas. Una sola llanta puede tardar cientos de años en degradarse, convertirse en foco de incendio y servir de criadero para mosquitos transmisores de enfermedades.

El titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (Seduma), Karl Heinz Becker Hernández, reconoció que el almacenamiento masivo de millones de llantas usadas es un problema crítico por la falta de espacios seguros y el riesgo de plagas. Sin embargo, no es la primera vez que se escucha este diagnóstico: gobiernos van y vienen, y el discurso sobre la urgencia de atender el tema se repite como un eco sin resultados tangibles.

En el estado apenas existen cuatro sitios aptos para la disposición final de este residuo de manejo especial, mientras que municipios como Reynosa concentran hasta 900 mil llantas anuales, convirtiéndose en el principal “foco rojo”. La ciudadanía, al cambiar neumáticos, carece de un sitio específico para depositarlos y termina arrojándolos en rellenos sanitarios o incluso en la vía pública.

Becker admitió que la acumulación desmedida se debe a que el estado no cuenta con centros oficiales de disposición final autorizados, lo que fomenta tiraderos clandestinos en calles y terrenos baldíos. La explicación no es nueva: desde hace años se insiste en que “surja alguna empresa interesada” en reciclar o triturar los desechos, pero mientras tanto la montaña de llantas crece y las soluciones se postergan.

La crisis, más que ambiental, es también política: el problema se arrastra como un expediente incómodo que cada administración hereda y vuelve a diagnosticar, sin que la ciudadanía vea un cambio real en la gestión de residuos

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