AL VUELO/ Presidentes

Por Pegaso

Estaba yo recostado muellemente en mi cumulonimbus favorito, allá, en la estratósfera, haciendo un sesudo análisis de la ya próxima sucesión presidencial.

Será el primero de julio del 2018 cuando los mexicanos iremos a las urnas una vez más a definir con nuestro voto el destino que queremos para nosotros mismos, para nuestros hijos y para la patria. (Nota de la Redacción: ¿Pos de cual fumaste hoy, Pegaso?)

Veía por ejemplo que hasta antes de Ernesto Zedillo la institución de la Presidencia de la República era algo acartonada, ceremoniosa y hasta solemne.

Una de las primeras señales de que algo estaba por cambiar fue aquella frase muy famosa de Zedillo que decía: “No tengo cash”.

Antes sólo teníamos expresiones melodramáticas, como la famosa de José López Portillo, cuando el país se le estaba cayendo a pedazos: “Defenderé el peso como un perro”. Y resultó un tímido cachorrito.

Pero llegó el 2000 y con ello una nueva camada de políticos.  El período de las ocurrencias, de los chistoretes, de las frases picantes de los presidentes llegó para quedarse.

Vicente Fox Quezada fue el sumit de la improvisación al hablar en público o en privado.

¿Quién no recuerda sus famosas sentencias, como cuando dijo que arreglaría el asunto de Chiapas en 15 minutos?

Ya en anteriores ocasiones hemos citado, por ingeniosas, sus más reconocidas, pintorecas y jocosas frases, pero aquí las repetimos para solaz y esparcimiento de las mexicanas y los mexicanos que lean esta columna y columno:

-Comes y te vas.

-Chiquillos y chiquillas.

-Todos tienen en su casa una lavadora de dos patas.

-Qué bueno que no sepas leer, así no te enteras de las noticias.

-Al fin que ya me voy.

-¿Y yo por qué?

-Los mexicanos, en Estados Unidos, hacen el trabajo que ni los negros quieren hacer.

Llegó después el gris Calderón.

Salvo las hilarantes caricaturas que le dedicaban los más brillantes moneros del país, como Helioflores, Rius, Trino, Fontanarrosa y otros, el chaparrín solamente generó algunas pinceladas de humor político-presidencial:

-Yo seré el Presidente del empleo.

-Tengo las manos limpias.

La Historia lo recordará por sus traumas. Traumas que quiso contrarrestar iniciando una guerra que pensaba que podía ganar…

Y para demostrar que el humor llegó para quedarse, en el 2012 entra a Los Pinos el copetón galán telenovelero, con el sello salinista en la frente, Enrique Peña Nieto.

Pronto desbancó a sus ilustres progenitores en el galano arte de decir estupideces y se condecoró como el más prolífico autor de joyas de la literatura universal, como las que a continuación remito:

-El mundo global es global.

-No hay que ser bilingüe, basta con tener la intención de serlo.

-La clave de una buena relación es una buena relación.

-Los acercamientos ayudan a estar más cerca.

-No soy la señora de la casa.

-¿Qué hubieran hecho ustedes?

-Ningún Presidente se levanta por la mañana pensando cómo joder a los mexicanos.

-A ustedes no hay chile que les embone.

Una genial caricatura retrata a Peña Nieto frente a Donald Trump, enredados con sus respectivos copetes.

Lo dicho: El humor es cosa seria.

Pienso que sobre el país se cierne la sombra silenciosa de la incertidumbre.

¿Qué persona garantizará esa noble y picaresca tradición después del 2018?

Si el PRI postula a Miguel Angel Osorio Chong, el aún Secretario de Gobernación, difícilmente podríamos entender los chistes chinos que seguramente dirá en vivo o en televisión.

Lo más que podríamos esperar es que algunos de nuestros platillos típicos se vean desplazados, por ejemplo, en vez de burritos con frijoles comeremos burritos primavera; o tendremos que hacernos a la idea de engullir domplings de mole poblano, o cosas así, por el estilo.

Si Andrés Manuel López Obrador alcanza la silla presidencial, probablemente nos veamos obligados a aprender el idioma tabasqueño, para estar en concordancia con los nuevos tiempos.

Así, todos los lunes por la mañana los chamacos entonarán el Himno Nacional en las escuelas: “Mejicanoj al grito de guerra, el ajero aprejtad y el bridón, y retiemble en ju jentro la tierra, al jonoro rujir del cañón”.

Veremos en la televisión  los culebrones de Telerisa o los churros de Tele Aztuerca: “Carloj Anjelmo Augujto-diría la protagonista-; mi familia je opone a nuejtro matrimonio”.

Los narcocorridos tendrían que adecuarse: “Me gujta andar por la jierra, me crié entre loj matorralej, ahí aprendí a hajer laj cuentaj nomáj contando cojtalej, me gujta burlar laj redej que tienden loj federaleeeeej”.

Y los comerciales: “Con loj trajtej jujioj, Jalvo me jalva”.

Como López Obrador es muy espontáneo en sus discursos, bien podremos esperar algunas joyas como las siguientes:

-Me pueden decir peje, pero no lagarto.

-Yo no joy un ambijiojo vulgar.

-Todaj laj encuejtaj ejtán copeteadaj.

-Al diablo con juj injtitujionej.

-Ejto ej un compló.

Los mexicanos ya nos acostumbramos a verlo todo con humor. Es como una droga. Si llegase a la Presidencia un individuo flemático, no tendríamos de qué reirnos y entonces sí, sentiríamos todo el peso de la crisis económica, la inseguridad, los saqueos y las malas políticas gubernamentales.

Vámonos con el refrán estilo Pegaso que a la letra dice: “A las masas populares es necesario proporcionarles piezas horneadas de harina de trigo y espectáculos circenses”. (Al pueblo, pan y circo).

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