La Comuna/ El melodrama de Salinas Pliego

Por José Ángel Solorio Martínez

Los empresarios mexicanos vivieron décadas de paradisiacas vidas, el tiempo que gobernó en México el neoliberalismo. Más de tres décadas, fueron los consentidos del régimen. Esas políticas, beneficiaron siempre a los de arriba y perjudicaron a los de abajo. El país, bajo ese esquema de desarrollo, produjo más millonarios que cualquier nación del mundo.
Y cómo no: créditos de ganga, regalos de insumos -energía eléctrica, servicios públicos casi de gorra- y lo más maravilloso -para ellos-: una ley fiscal amigable, subsidiaria de sus grandes empresas.
Las transnacionales, con la justificación de crear empleos para los mexicanos resultaron las más mimadas por su presunta participación en el desarrollo del país.
Un ejemplo claro de los capitalistas nacionales es Ricardo Salinas Pliego. Por más de 20 años, litigó sus obligaciones fiscales; en abierta conspiración contra el pueblo mexicano, se alió con el viejo Poder judicial y dilató el pago de sus impuestos por décadas.
En estricto derecho, estuvo robando al Estado y a los mexicanos miles de millones de pesos, al no cubrir sus pagos al fisco y reinvirtiendo esos fondos en sus hasta entonces boyantes negocios.
Muchos años, en sus medios de comunicación chantajeó a los Poderes del estado. Gran parte de sus bienes, devienen de sus negocios siempre al amparo del poder público. Como la mayoría de los neoliberales, en público se pronuncian en contra el estado y argumentan pidiendo su salida del mercado, pero sólo cuando no los representa -ni los beneficia- a ellos.
50 mil millones de pesos, es la cantidad que debe pagar al SAT a la de ya.
Se le olvidó hasta los deseos golpistas contra la presidenta Claudia Sheinbaum, ahora clama paciencia para cubrir sus deudas.
La noticia es más relevante de lo que pudiera creerse: no sólo representa la generalidad del cumplimento de ley -para todos y con todos-; significa el fin del sistema fiscal neoliberal que generó tanta desigualdad social y tanto encono en la sociedad.
Faltó mucho por avanzar en ese tema.
AMLO únicamente trazó el camino. Vio claro que, sin una reforma a Poder judicial, no habría de concretarse la justicia fiscal en la nación.
Hoy se ven esos frutos.
El Tío Richie va a pagar.
El sujeto altanero, prepotente, soberbio, insolente, que fue en el pasado parece haberse esfumado. Hasta se soñó con prendas para ser presidente de la república.
Sorprendente historia: pasó de méndigo empresario a empresario mendigo.
Todo un melodrama.

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