La regidora Edith Mata denunció que Gattás y su operador Hugo Reséndez dirigen una red de acoso político. Ella y su hija fueron atacadas desde una página que administra el propio Alcalde.
Por Martín Díaz
Lo que durante meses ha sido un secreto a voces en los corrillos de Victoria, hoy se ha denunciado en el Cabildo. La Regidora Edith Mata Gracia tomó la tribuna para exigir a Eduardo Gattás Báez que cese sus cobardes ataques en redes sociales que ya alcanzaron a su hija.
La acusación es de una gravedad inusitada: la publicación ofensiva provino de la página de Facebook “Lalo Gattas con AMLO”, cuyo administrador, según la regidora, es el propio Alcalde.
El Búnker Clandestino y sus Esbirros
Este ataque es el ‘modus operandi’ de una administración que, atrincherada en la soberbia y la incompetencia, ha optado por la guerra sucia como herramienta de gobierno. El Alcalde y su “mayordomo que quiere ser alcalde” al parecer dirigen, desde un “búnker clandestino”, una red de páginas falsas y anónimas.
El objetivo de esta maquinaria digital es repeler a todos aquellos que se atreven a señalar el abandono de la ciudad. El presunto operador principal, Hugo Reséndez, es señalado como el ejecutor de un patrón que va más allá de la crítica política: los ataques se dirigen, de forma cobarde, contra mujeres, hijos e hijas de quienes les resultan incómodos.
La respuesta del equipo de Gattás en Cabildo, basada en la negación y el desafío cínico de “vaya y denuncie,” solo reafirma la soberbia de quien se sabe, o se cree, impune.
El Lazo de la Remoción Pendiente
El uso reiterado del acoso digital por parte del Alcalde y sus esbirros vienen a sumarse a un expediente que lleva un año congelado: la solicitud formal de remoción del cargo presentada por 16 regidores ante el Congreso del Estado.
El Congreso de Tamaulipas tiene en sus manos esa solicitud, todavía vigente. Los nuevos y graves señalamientos de violencia política y acoso familiar demuestran que la crisis de gobernabilidad en Victoria no solo persiste, sino que se agrava. El Poder Legislativo tiene la responsabilidad histórica de desempolvar ese expediente; sin embargo, mientras la ley duerme en comisiones, el “búnker clandestino” sigue abonando con su estiércol cibernético a la ingobernabilidad. Es evidente que, ante la pasividad institucional, no hay autoridad que detenga los ataques, los abusos ni las irregularidades de una administración comandada por un Alcalde que se presume impune y poderoso.
