La productividad perdida de Pemex: cuando la política sustituye a la eficiencia

Por décadas, Petróleos Mexicanos ha sido presentada como el símbolo de la
soberanía energética de México. Sin embargo, detrás del discurso político persiste
una realidad incómoda: la empresa productiva del Estado continúa mostrando una
productividad mediocre frente a sus propios recursos, su historia y el tamaño de la
inversión pública que recibe. El problema no es únicamente financiero, sino
estructural y profundamente político.

Hoy Pemex, según un reporte de la propia empresa del 1 de marzo de este año,
produce alrededor de 1.64 millones de barriles diarios de hidrocarburos
líquidos, cifra que el gobierno presenta como una “estabilización” de la
producción. Sin embargo, ese nivel está muy lejos de los más de 3.4 millones de
barriles diarios que México producía en 2004, durante el auge del complejo
Cantarell. Más grave aún: la producción ha seguido cayendo en distintos periodos
recientes; en 2025, por ejemplo, según datos del Economista, se ha registrado una
caída anual cercana al 7% en la producción de hidrocarburos.
Nada que ver con los 2.8 millones de barriles diarios que en el sexenio de López
Portillo se llegaron a producir, y muy debajo de los 3.4 millones de barriles de
Vicente Fox. ¡Lo que son las cosas! Del PRI y del PAN.

La brecha entre el potencial petrolero de México y el desempeño real de Pemex es
el síntoma más claro de un problema de productividad. Y esa baja productividad
no se explica únicamente por el agotamiento natural de los campos maduros —un
fenómeno común en la industria petrolera— sino por decisiones de política pública
que han reducido la eficiencia operativa de la empresa. El manejo arbitrario de los
recursos que genera se utilizan para beneficio del partido en el poder y sus
intereses.

El costo de la politización

Uno de los factores más evidentes es la politización de la estrategia energética.
Durante los últimos años, la política energética del gobierno ha priorizado la
autosuficiencia en combustibles y el fortalecimiento de Pemex como monopolio
estatal, incluso a costa de la eficiencia económica.

La construcción de la refinería de Dos Bocas —proyecto emblemático de la
política energética— ilustra este problema. El complejo ha enfrentado fallas
operativas y ha producido muy por debajo de su capacidad. Como lo plasmó El
País, en 2025, su producción de combustibles cayó alrededor de 34% en un mes
debido a problemas técnicos, operando apenas cerca de un 30% de su
capacidad instalada.

Este tipo de inversiones reflejan un enfoque político más que económico. En lugar
de concentrarse en exploración y producción —el segmento donde Pemex genera
valor— se han canalizado recursos a refinación, un negocio históricamente menos
rentable para la empresa.

Una empresa financieramente dependiente

Otro síntoma de la baja productividad es la dependencia crónica de Pemex del
apoyo fiscal del Estado mexicano. Según información de Milenio, aunque
recientemente se reportó que la deuda de la empresa bajó a 85 mil millones de
dólares, el nivel sigue siendo uno de los más altos entre las petroleras del mundo
a pesar de todo.

Además, la reducción de deuda no ha sido producto de un salto en la eficiencia
operativa, sino principalmente del respaldo del gobierno federal. Según el diario
español El País en los últimos años, el Estado mexicano ha realizado

transferencias, reducciones fiscales y operaciones financieras para aliviar la carga
de la petrolera, incluyendo emisiones de bonos y rescates financieros.
En otras palabras, Pemex sigue funcionando gracias al contribuyente o sea usted
y yo.

Productividad rezagada frente al mundo

La industria petrolera global se caracteriza por avances tecnológicos constantes,
eficiencia operativa y asociaciones estratégicas. En contraste, Pemex ha reducido
su cooperación con el sector privado y ha limitado las rondas de inversión
energética que se impulsaron tras la reforma energética de 2013.

La consecuencia es una empresa que necesita perforar cada vez más pozos
para producir menos petróleo. Expertos del sector energético han señalado que
en el pasado bastaban pocos campos gigantes —como Cantarell— para sostener
la producción nacional, mientras que hoy se requieren miles de pozos para
mantener niveles mucho menores de extracción, apoyados en información de El
Financiero, Pemex ya acumula 19 meses en números rojos.
Esto no sólo implica mayores costos, sino una menor productividad del capital
invertido.

El problema de la gobernanza

Más allá de las decisiones de inversión, el verdadero problema de Pemex radica
en su gobernanza corporativa. A diferencia de otras petroleras estatales exitosas
—como Equinor en Noruega o Petrobras en Brasil— la empresa mexicana
continúa operando bajo una lógica política.

La toma de decisiones estratégicas depende en gran medida del gobierno federal
y de prioridades sexenales, no de criterios técnicos o de mercado. La coordinación

constante con la Secretaría de Energía y la Secretaría de Hacienda en decisiones
operativas y financieras refleja esta dependencia institucional.

Esta estructura dificulta la planeación de largo plazo y limita la capacidad de la
empresa para actuar como una corporación competitiva.

La paradoja petrolera mexicana

México posee recursos energéticos relevantes, infraestructura petrolera histórica y
una empresa estatal con décadas de experiencia. Aun así, la productividad de
Pemex sigue siendo baja.

El problema no es geológico, sino institucional.

Mientras el gobierno continúe utilizando a la petrolera como instrumento político
—para proyectos emblemáticos, objetivos ideológicos o metas de autosuficiencia
energética— la empresa difícilmente alcanzará los niveles de eficiencia que
requiere.

La paradoja es evidente: Pemex sigue siendo central para las finanzas públicas y
para la narrativa nacionalista del Estado mexicano, pero su productividad continúa
rezagada frente a los estándares internacionales.

Si México quiere rescatar a su petrolera, el debate no debería centrarse en cuánto
dinero público se le transfiere cada año, sino en cómo transformar su modelo de
gestión, inversión y gobernanza.

De lo contrario, Pemex seguirá siendo lo que ya es hoy: una empresa estratégica
para el país, pero incapaz de aprovechar plenamente su potencial. Y esa, más que
una crisis petrolera, es una crisis de política económica.

P.D. 1. ¿Y los culpables del huachicol? que por sus conocimientos son
forzosamente trabajadores de PEMEX y otros los de mayor tajada económica, los
de cuello blanco. ¿Dónde quedaron?

  1. Nos están llegando a nuestro escritorio, más escandalosas acciones de cobro
    irresponsables por no decir que ilegales, de las Universidades Privadas. Esto es
    material para una siguiente columna.
  2. Coincido humildemente por el nivel del periodista que la realizó, Carlos Loret de
    Mola. Lo mejor que hizo López Obrador en su sexenio es haberle dado la
    nacionalidad al beisbolista Randy Arozarena.

Gracias.
farriaga349@gmail.com

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