Por Adán Reyes Guerrero
El Segundo Informe del rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), M.V.Z. Dámaso Leonardo Anaya Alvarado, no solo fue un ejercicio de rendición de cuentas académicas, sino un mensaje político de fondo
Ante la Asamblea Universitaria y con el Dr. Américo Villarreal Anaya, Gobernador del Estado, como testigo de honor, el evento subrayó una transformación en las formas y protocolos de la máxima casa de estudios.
Lo que en años anteriores era una pasarela de poder, este año se distinguió por una notable sobriedad, resaltó la ausencia de los alcaldes de todas las ciudades del estado, así como de los altos funcionarios del Gobierno Estado que tradicionalmente solían abarrotar las primeras filas de este solemne acto universitario.
Este vacío de figuras políticas externas marca un “antes y un después” en la relación de la universidad con los grupos de poder local, sugiriendo un enfoque mucho más centrado en la vida institucional y académica
La logística del evento también rompió con el pasado, en esta ocasión, fue a través del área de Comunicación Social, que se informó a los reporteros y casas editoriales que el seguimiento del informe se realizaría exclusivamente vía remota, no presencial.
Este cambio de formato sugiere que los tiempos en la UAT realmente están cambiando. Bajo la gestión de Anaya Alvarado, la institución parece buscar una identidad propia, alejándose de los eventos multitudinarios de “besamanos” político para priorizar un formato más técnico y ejecutivo.
La presencia del Gobernador Villarreal Anaya validó la gestión administrativa y el rumbo académico, pero el entorno dejó claro que la autonomía y las formas de la UAT están entrando en una etapa de austeridad política y digitalización informativa.
