Columna Rosa, sólo para Mujeres/ “UAT: El valor humano de la Inclusión”

Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) suele presentarse a través de cifras: más de 45,000 estudiantes, 28 facultades y unidades académicas, 93 programas de licenciatura y posgrado y el 100% de su oferta evaluable acreditada.

Estos datos son importantes porque muestran una institución en crecimiento, con capacidad para ampliar oportunidades educativas en todo el estado.

En su 76 aniversario, la UAT también destacó un crecimiento sostenido de 12.5% en su matrícula desde 2024.

Sin embargo, el aspecto menos comentado y quizá el más humano, es su trabajo por la inclusión.

En julio de 2026, la Unidad Académica Multidisciplinaria de Valle Hermoso organizó el Primer Campamento de Neurodiversidad, un programa gratuito para niñas y niños con autismo, TDAH y otras condiciones neurodivergentes.

La iniciativa fue impulsada por el grupo “Creciendo a tu Lado”, integrado por estudiantes de la Licenciatura en Tecnología Educativa.

Este campamento ofreció experiencias sensoriales, estrategias de regulación emocional, desarrollo de habilidades sociales, creatividad y expresión.

Más que una actividad recreativa, representó un espacio donde las familias pudieron encontrar acompañamiento, respeto y comprensión para sus hijas e hijos.

Lo relevante de esta acción es que la UAT no limita la inclusión a discursos institucionales.

La convierte en práctica cotidiana: estudiantes universitarios aprenden a acompañar, escuchar y adaptar su trabajo a las necesidades de personas neurodivergentes.

Así, la formación profesional se une a la empatía y al servicio comunitario.

La UAT también ha desarrollado apoyos para estudiantes con discapacidad a través del programa CoDis UAT, que brinda ayudas económicas y herramientas para sus cursos.

Esto refleja una idea esencial: una universidad verdaderamente pública no debe medirse solo por cuántos estudiantes admite, sino por cómo garantiza que todos puedan permanecer, aprender y desarrollarse.

La UAT demuestra que la educación superior puede tener rostro humano.

Detrás de sus aulas, laboratorios y programas académicos existe una responsabilidad profunda con las personas: con las niñas y niños neurodivergentes, con las familias que buscan apoyo y con los jóvenes que aprenden que profesionar también significa servir.

Una universidad que incluye no solo forma profesionistas; forma ciudadanos capaces de reconocer la dignidad de cada persona.

Por eso, el verdadero legado de la UAT no está únicamente en sus 76 años de historia ni en sus más de 45,000 estudiantes, sino en su capacidad para convertir el conocimiento en cuidado, la enseñanza en inclusión y la educación en una herramienta de esperanza para Tamaulipas.

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