- Lalo Gattás conoce sus negativos, y no son pocos. Su confrontación política con el gobernador Américo Villarreal Anaya representa, además, un obstáculo para sus aspiraciones.
Por Ulises Chapa Juárez
Hasta la frontera llega lo que ocurre en Ciudad Victoria, capital y centro neurálgico de la política tamaulipeca. Y llama particularmente la atención que Eduardo Gattás Báez, actual presidente municipal, ya tenga aspiraciones de convertirse en diputado federal por Morena, cuando su principal pendiente sigue siendo gobernar una capital que no ha logrado sacar del rezago.
Desde que llegó a la alcaldía, Gattás parece haber confundido el ejercicio del poder con la supervivencia política. Los resultados no están a la altura de las necesidades de los victorenses; las gestiones no se traducen en desarrollo y la capital continúa sin recuperar el protagonismo que debería tener en Tamaulipas y en el país.
Lalo Gattás conoce sus negativos, y no son pocos. Su confrontación política con el gobernador Américo Villarreal Anaya representa, además, un obstáculo para sus aspiraciones. En ese escenario, su exsecretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez Silva, también podría terminar arrastrado por el desgaste de una administración de la que fue uno de sus colaboradores más cercanos. ¿No sería momento de que marcara una distancia política real con su exjefe?; esto le puede causar no lograr la candidatura por MORENA y tendría que buscar otros colores para poder ser.
Los cuestionamientos para el alcalde son sencillos, pero contundentes: ¿Qué tiene que presumir de Ciudad Victoria después de cinco años de gobierno? ¿En qué ha convertido a la capital para distinguirla positivamente del resto de las ciudades del país? ¿Cuál es su aportación al crecimiento y desarrollo, frente a municipios como Tampico, Ciudad Madero, Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo? ¿Cuánto tiempo más necesitan los victorenses para ver un cambio verdadero? ¿Acaso la capital tiene dueño y se apellida Gattás?
Más allá de los negocios de comida y gimnasios que forman parte del paisaje comercial de la ciudad, ¿dónde están los grandes proyectos, las inversiones, la infraestructura y las políticas públicas que permitan hablar de una transformación real?
Tener estructuras políticas, operadores electorales y recursos para competir no equivale a gobernar de manera correcta para ganarse una diputación. ¿Acaso la va air a comprar a México nuevamente? Tampoco garantiza una candidatura, particularmente cuando la relación con el Ejecutivo estatal está lejos de ser políticamente tersa y existen otros perfiles que podrían buscar encabezar el proyecto de Morena en la capital.
Victoria sigue esperando. Es una ciudad que parece haberse quedado atrás, sin el desarrollo ni la atención que merece. El problema no corresponde exclusivamente al actual alcalde ni puede atribuirse a un solo gobierno; es también consecuencia de años de administraciones que han utilizado la capital como plataforma política, pero no han conseguido devolverle su grandeza. Cada vez más victorenses se marchan mientras la ciudad envejece y pierde oportunidades.
Y ahora, el mismo Eduardo Gattás que no ha conseguido convencer con resultados a los habitantes de su propio municipio pretende dar el salto a la Cámara de Diputados. ¿Con qué credenciales? ¿Con qué trabajo legislativo proyectado? ¿Con qué argumentos pretende pedir el voto de otros municipios cuando ni siquiera ha conseguido resolver las demandas de la capital?
Un rufián de la política que pretende convertir sus aspiraciones personales en una nueva oportunidad de poder. Si no ha podido demostrar capacidad para gobernar Ciudad Victoria, ¿por qué los tamaulipecos tendrían que confiarle una representación federal?
La diputación no debe ser un premio de consolación para alcaldes desgastados, sino una responsabilidad que se respalde con trabajo, resultados y compromiso social. Y eso, hasta ahora, es precisamente lo que Eduardo Gattás sigue debiéndole a Victoria.
