Dr. Jorge A. Lera Mejía.
Altamira vive una coyuntura histórica. Su consolidación como polo de desarrollo económico para el bienestar, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, fortalece su vocación portuaria, comercial, petroquímica e industrial. Sin embargo, existe otra fortaleza estratégica que merece mayor atención: su potencial agrícola, ganadero y pesquero, actividades que pueden diversificar la economía municipal, generar empleos y mejorar la seguridad alimentaria.
El municipio cuenta con extensas superficies rurales, tierras de cultivo, pastizales y un sistema lagunario conectado con el río Tamesí y la laguna de Champayán. Estas condiciones favorecen actividades agropecuarias y pesqueras que históricamente han sostenido a numerosas familias altamirenses.
Entre sus principales cultivos destacan el sorgo, la soya, el maíz y la caña de azúcar, productos vinculados con las cadenas alimentarias, pecuarias y agroindustriales. Tamaulipas mantiene una posición destacada en el panorama agrícola nacional: durante 2025 produjo aproximadamente 1.91 millones de toneladas de sorgo en grano, además de importantes volúmenes de caña de azúcar, cítricos y otros cultivos, como la piña y la cebolla, donde representa la región de Tamaulipas con mayor aportación. Aunque estas cifras corresponden al conjunto estatal, reflejan el entorno productivo en el que participa Altamira.
En la ganadería, el bovino constituye la actividad predominante, con posibilidades de fortalecer la producción de becerros, el mejoramiento genético y la comercialización de carne. Información municipal publicada anteriormente estimaba alrededor de 60 mil cabezas de ganado en el campo altamirense; por su antigüedad, esta referencia requiere actualizarse mediante un nuevo inventario pecuario.
La pesca: una oportunidad para generar mayor valor. El sistema lagunario representa otro activo estratégico. En octubre de 2025, autoridades estatales y municipales participaron en la siembra de 200 mil alevines de tilapia en el sistema lagunario Río Tamesí-Champayán, como parte de las acciones de repoblamiento y recuperación de especies comerciales.
El contexto estatal confirma su importancia: durante 2025, Tamaulipas registró 28,588 toneladas de producción pesquera, con un valor de 1,113 millones de pesos, mientras que la acuacultura aportó otras 4,806 toneladas, valuadas en 111 millones de pesos. Son cifras estatales, no municipales, pero muestran el tamaño de una actividad con oportunidades de crecimiento para las comunidades pesqueras de Altamira.
El reto del gobierno municipal: convertir potencial en prosperidad
El alcalde Armando Martínez Manríquez tiene ante sí la oportunidad de complementar el crecimiento industrial con una política de desarrollo rural de largo plazo, coordinada con el gobernador Américo Villarreal Anaya y las autoridades federales.
La primera tarea consiste en actualizar los censos agrícolas, ganaderos y pesqueros para conocer superficies sembradas, rendimientos, inventarios pecuarios, volúmenes de captura, ingresos y empleos. Sin estadísticas municipales actualizadas resulta difícil medir la aportación real de estos sectores al producto económico local y diseñar apoyos eficaces.
También se requieren caminos rurales transitables, infraestructura de riego, acceso al financiamiento, capacitación tecnológica, seguros agropecuarios y mejores canales de comercialización. En pesca, deben priorizarse la vigilancia contra la captura ilegal, la rehabilitación de cuerpos de agua y el impulso de la acuacultura sostenible.
La segunda tarea es vincular a productores con las industrias alimentarias, los comercios, los restaurantes y los mercados regionales, aprovechando la conectividad logística de Altamira para reducir intermediarios y aumentar el valor agregado.
Altamira no debe elegir entre industria y campo: necesita desarrollar ambos. La visión municipal debe integrar agricultura tecnificada, ganadería competitiva, pesca sustentable e industria transformadora, con especial atención al agua y a la protección ambiental.
El verdadero éxito del polo de desarrollo no se medirá únicamente por las inversiones portuarias o las nuevas fábricas, sino también por la capacidad de elevar los ingresos rurales, generar oportunidades para los jóvenes y mejorar la calidad de vida de las comunidades.
Altamira tiene condiciones para convertirse en un modelo de desarrollo integral: industrial por su infraestructura, agropecuario por su territorio y pesquero por su riqueza natural. El desafío es transformar esas ventajas en prosperidad compartida.
