Columna Opinión Económica y Financiera/ “Tamaulipas: de granero a potencia agroindustrial”

Dr. Jorge A. Lera Mejía.

Durante las décadas de los setenta y ochenta, Tamaulipas llegó a ser identificado como uno de los grandes graneros de México. En plena etapa de la llamada Revolución Verde, el estado destacó por su capacidad agrícola, la extensión de sus tierras productivas, la disponibilidad de agua y su ubicación estratégica para abastecer los mercados nacionales y fronterizos.

Aquella vocación agropecuaria sigue vigente, pero hoy enfrenta el desafío de transformarse frente a un escenario marcado por el cambio climático, los periodos de estiaje y la necesidad de generar mayor valor agregado.

En este contexto, el gobernador Américo Villarreal Anaya puso en marcha un nuevo modelo de aprovechamiento y comercialización para impulsar el desarrollo del campo tamaulipeco, tomando como punto de partida uno de los principales activos agrícolas del estado: el sorgo.

Tamaulipas produce alrededor de 2 millones de toneladas de sorgo anualmente y aporta aproximadamente 47 por ciento de la producción nacional, lo que lo mantiene como líder del país.

Sin embargo, el reto ya no consiste únicamente en producir grandes volúmenes, sino en transformar esa producción dentro del propio territorio y conseguir que una mayor proporción de la riqueza permanezca en las comunidades rurales.

La estrategia contempla impulsar la producción de sorgo blanco y transformarlo en harina nixtamalizada para consumo humano. Para ello se proyecta la instalación de una planta vinculada inicialmente con más de 200 agricultores, además de nuevos canales de comercialización mediante programas alimentarios, comedores comunitarios y puntos de venta.

Las tortillerías “Tortitams” se incorporan como otro eslabón de esta cadena, permitiendo desarrollar y comprobar las ventajas competitivas de la tortilla elaborada con sorgo blanco. Con un precio de alrededor de 21 pesos por kilogramo, este producto representa una alternativa para las familias tamaulipecas y, al mismo tiempo, abre una nueva oportunidad para los productores.

La propuesta puede significar mucho más que un programa específico para el sorgo. Representa la posibilidad de recuperar, bajo condiciones del siglo XXI, aquella visión de Tamaulipas como granero de México, pero ahora mediante una agricultura con mayor tecnología, diversificación, transformación agroindustrial y mercados de mayor valor.

Para lograrlo, uno de los principales desafíos será garantizar el agua. Los recientes periodos de estiaje han demostrado que la productividad agrícola tamaulipeca depende cada vez más de mejorar la infraestructura de riego, modernizar canales, reducir pérdidas por conducción, tecnificar sistemas de irrigación, impulsar el uso eficiente del agua y aprovechar tecnologías que permitan producir más con menos recursos hídricos.

El futuro del campo tamaulipeco requiere, por tanto, combinar producción, industrialización y seguridad hídrica. No se trata solamente de recuperar el concepto histórico del “granero de México”, sino de construir un Tamaulipas agroalimentario y agroindustrial, capaz de producir, transformar y comercializar.

El nuevo modelo impulsado por Américo Villarreal apunta precisamente en esa dirección: que el sorgo salga del campo, se transforme en Tamaulipas y llegue directamente al consumidor. Si esta visión se complementa con programas alternativos de producción, innovación tecnológica y una estrategia de largo plazo para recuperar y modernizar el riego agrícola, Tamaulipas podría volver a ocupar un lugar estratégico en la producción de alimentos de México, pero ahora con una agricultura más rentable, sustentable y preparada para los desafíos del futuro.

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