Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.
A sus 16 años, Ángela Karime Venegas Hernández, estudiante del CETIS 78 de Altamira, Tamaulipas, desarrolló Vortex Tech, un prototipo de extintor acústico que utiliza ondas sonoras de baja frecuencia para apagar pequeñas llamas, sin emplear agua, espuma ni sustancias químicas.
El sistema genera movimientos de aire que alteran las condiciones de oxígeno necesarias para mantener la combustión.
De acuerdo con reportes periodísticos, el dispositivo funciona con una batería de 12 volts, un generador de frecuencias, un amplificador y una bocina; además, emplea una frecuencia aproximada de 30 Hz.
El proyecto obtuvo reconocimiento en certámenes de innovación tecnológica en Tamaulipas y se prepara para representar a México en una competencia internacional en Indonesia.
Aunque todavía se trata de un prototipo que requiere pruebas técnicas, certificaciones y mejoras antes de utilizarse como equipo profesional, su valor es evidente: demuestra que la creatividad juvenil puede ofrecer respuestas diferentes a problemas relacionados con la seguridad, la protección civil y el cuidado del agua.
El caso de Ángela debe convertirse en un ejemplo para impulsar una cultura de innovación desde las escuelas.
Para ello, es necesario crear laboratorios de ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas donde los estudiantes puedan experimentar, equivocarse y convertir sus ideas en prototipos.
También deben fortalecerse las ferias científicas, las becas, los concursos y los programas de mentoría.
No basta con reconocer a los jóvenes cuando ganan una competencia; es indispensable acompañarlos durante todo el proceso, desde la investigación inicial hasta el registro de propiedad intelectual, la elaboración de un modelo de negocio y la búsqueda de financiamiento.
Las instituciones educativas podrían establecer redes de colaboración con universidades, empresas y centros de investigación.
Así, una idea escolar tendría mayores posibilidades de convertirse en una solución viable, segura y socialmente útil.
Oportunidad para la UAT y Tamaulipas
La Universidad Autónoma de Tamaulipas puede aprovechar Vortex Tech mediante sus facultades de ingeniería, electrónica, física, química y protección civil.
La UAT podría ofrecer asesoría científica, realizar pruebas controladas, medir la eficacia del prototipo y ayudar a establecer sus límites de uso.
También podría incorporar el proyecto a sus programas de innovación y emprendimiento, respetando siempre la autoría de su creadora.
Por su parte, el Gobierno de Tamaulipas puede respaldar el desarrollo mediante fondos para jóvenes inventores, convenios con el sector industrial y programas de prevención de incendios.
El dispositivo podría estudiarse para su posible aplicación en espacios donde el agua o los agentes químicos representen un riesgo, como laboratorios, centros de cómputo o instalaciones con equipos eléctricos.
Vortex Tech no sólo representa una innovación tecnológica; representa la fuerza de una joven que se atrevió a imaginar, soñar y hacerlo una realidad.
Apoyar a Ángela significa decirle a miles de estudiantes que sus ideas tienen valor y que el origen humilde o la edad no deben limitar sus sueños.
Cuando una sociedad escucha, acompaña y protege el talento de su juventud, no sólo apaga un incendio: enciende la posibilidad de un futuro más justo, creativo y humano.
