CORRESPONDENCIA/ Funcionarios corruptos

Por José Luis Castillo

UNO. – Vaya que resulta interesante el apunte en el sentido del documento que el presidente Donald Trump envió al Congreso de Estados Unidos, apenas el día de ayer y que entre otras cosas contempla a México dentro de los 23 países que son considerados de tránsito y producción de drogas que llegan a ese país.

Aunque Donald Trump reconoció el trabajo de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo por el decomiso de drogas y desmantelamiento de laboratorios para fabricación de droga sintética, el presidente de Estados Unidos, puso el dedo en la llaga y volvió a la cargada, y resaltó que a México le falta algo más, y debe tomar medidas adicionales contra las organizaciones narcoterroristas que, reiteró, dominan vastas zonas del territorio mexicano y continúan amenazado a EE.UU.

Y lo que se antoja más importante y preocupante para algunos aun servidores públicos y es que este documento en sus líneas incluye exponer, arrestar y enjuiciar a los numerosos funcionarios públicos corruptos que han colaborado con los carteles y traicionado la seguridad y la soberanía de su propio país, claro está refiriéndose a México.

Por lo pronto, otra vez el tema pone a sudar frio a unos cuantos sobre todo aquellos que de alguna u otra manera han sido reiteradamente señalados y relacionados a estos hechos y más aún cuando el presidente del vecino país del norte no quita el dedo del renglón, veremos.

DOS.-. Por cierto, la decisión anunciada por PAZ de investigar “a fondo” a quienes aspiren a una candidatura rumbo a las elecciones de 2027 debería dejar de ser presentada como una estrategia partidista y asumirse como lo que realmente es: una obligación elemental de todos los partidos políticos y de quienes los dirigen.

La ciudadanía tiene derecho a conocer quiénes pretenden representarla. Por ello, antes de colocar un nombre en una boleta, los partidos deberían realizar una revisión seria y responsable de la trayectoria de sus aspirantes: antecedentes públicos, experiencia, preparación, posibles conflictos de interés, procesos legales y cualquier otro elemento que pueda comprometer el ejercicio de una responsabilidad pública.

Hay que dejar en claro que no se trata de exigir candidatos perfectos, porque nadie lo es. Se trata de establecer estándares mínimos de integridad, preparación y responsabilidad. Tampoco basta con revisar expedientes cuando una candidatura

ya está prácticamente definida; la evaluación debe realizarse desde el momento en que una persona manifiesta su intención de competir.

En un sistema democrático, los partidos políticos cumplen una función fundamental como filtros para la selección de quienes aspiran a ocupar cargos públicos. Esa responsabilidad no puede reducirse a ganar elecciones. También implica evitar que las instituciones sean utilizadas como refugio de intereses particulares o que personas con antecedentes relevantes sean postuladas sin que la ciudadanía conozca esa información.

Por eso, si PAZ decide revisar minuciosamente a sus aspirantes, habrá que reconocer que ese debería ser el estándar para todos. PRI, PAN, Morena, Movimiento Ciudadano, PVEM, PT y cualquier otra fuerza política que participe en 2027 tienen la misma responsabilidad frente al electorado, así de fácil.

La verdadera competencia electoral no debe consistir solamente en quién consigue más votos, sino también en quién es capaz de presentar ciudadanos preparados, honestos y con una trayectoria que pueda ser sometida al escrutinio público, aunque vale decirlo, en estos tiempos resulta sumamente difícil encontrarlos.

TRES. – “En política, el que respira, aspira”, dice Luis Torre Aliyán al dejar abierta la posibilidad de aparecer nuevamente en una boleta electoral rumbo a 2027.

Aunque la frase puede parecer ingeniosa, también abre una discusión que va más allá de las aspiraciones personales de un político: ¿hasta dónde los partidos están dispuestos a renovar sus cuadros y hasta dónde seguirán recurriendo a los mismos nombres, las mismas figuras y las mismas prácticas?

Porque participar en política es un derecho. Aspirar a un cargo de elección popular también lo es. Pero los partidos políticos tienen una responsabilidad adicional: garantizar que sus procesos sean abiertos, competitivos y capaces de incorporar nuevas generaciones y perfiles ciudadanos.

Los partidos no deberían convertirse en franquicias electorales al servicio de personas, grupos o proyectos personales. Tampoco deberían funcionar como plataformas donde una y otra vez aparezcan los mismos personajes, independientemente de los resultados obtenidos, de la renovación que exige la sociedad o de la existencia de nuevos cuadros con preparación y vocación de servicio.

Movimiento Ciudadano no es el único caso. Es una práctica que puede encontrarse, con diferentes matices, en distintas fuerzas políticas: estructuras que terminan

girando alrededor de determinados liderazgos y que confunden la permanencia de una figura con la construcción de una organización política sólida.

La renovación democrática implica algo más que cambiar de logotipo o de discurso. Significa abrir espacios reales a jóvenes, ciudadanos, profesionistas, líderes sociales y militantes que durante años han trabajado desde otras trincheras y que merecen la oportunidad de demostrar su capacidad.

El reto de los partidos no debe ser únicamente encontrar quién puede ser candidato sino demostrar que cuentan con mecanismos democráticos para seleccionar a los mejores perfiles, evaluar trayectorias, exigir preparación y, sobre todo, generar oportunidades para quienes todavía no han ocupado cargos públicos.

Más claro aún, la política no puede convertirse en patrimonio de unos cuantos. Las boletas electorales no deben ser propiedad de quienes ya aprendieron a sobrevivir en ellas y la ciudadanía debe estar atenta para hacer valer su derecho en día de las elecciones.

CUATRO. – La realización de la Gran Rodada UAT 14K en Ciudad Victoria es una oportunidad para recordar que el deporte constituye una herramienta fundamental para construir comunidades más saludables, participativas y unidas.

Cada pedalazo en esta rodada simboliza movimiento, disciplina y voluntad, pero también convivencia. El deporte tiene esa capacidad de reunir a personas de distintas edades y condiciones alrededor de un objetivo común: disfrutar de una actividad física, cuidar la salud y compartir con los demás.

Que la Universidad Autónoma de Tamaulipas impulse nuevamente una jornada de estas características merece ser visto como parte de una cultura que debe fortalecerse permanentemente. Promover el ciclismo y otras disciplinas deportivas entre los universitarios y la sociedad en general contribuye a generar hábitos saludables y a recuperar los espacios públicos como lugares de encuentro y convivencia.

El deporte universitario, además, trasciende las canchas y las pistas. Enseña valores como la constancia, el respeto, la responsabilidad, el trabajo en equipo y la capacidad de superar retos. Por ello, eventos abiertos a la comunidad tienen un significado especial: permiten que esos valores lleguen más allá de las aulas y se conviertan en parte de la vida cotidiana.

La Gran Rodada UAT 14K también deja una reflexión importante: practicar deporte no necesariamente requiere grandes instalaciones ni condiciones extraordinarias. A veces basta una bicicleta, disposición y un espacio seguro para comenzar. Lo

importante es dar el primer paso —o, en este caso, el primer pedalazo— hacia una vida más activa, bien por la UAT y el rector Dámaso Anaya Alvarado.

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