Por Blanca Leticia Guerra
Es bien sabido que en las últimas décadas el tema de seguridad ha sido la pata de palo
de todos los gobiernos, pero una cosa es no lograr controlar el problema y otra muy
distinta que se hagan los occisos con el tema y ademas informen que “la situación se
encuentra plenamente normalizada”… pues no es así, al menos no en Reynosa.
Desafortunadamente la ola de violencia que se ha vivido en Tamaulipas desde hace
casi dos décadas ha dejado muchísimos estragos, “daños colaterales” les llamaba
Felipe Calderon, y aunque es verdad que la situación a veces pierde intensidad, estas
últimas semanas se ha recrudecido el conflicto.
Es alarmante que esta especie de repudio que el gobernador ha mostrado hacia
Reynosa desde que llegó al poder y que hemos podido, los que sí vivimos aquí, ser
testigos, se extienda también a lo que tiene que ver con seguridad.
La noche de este lunes, cuando apenas en la mañana el gobernador decía que la
situación presentada esa misma madrugada que incluía balaceras, bloqueos, llantas
quemadas y más, ya se encontraba normalizada, la ciudadanía empezó a reportar en
redes sus zonas porque ya estaban otra vez las balaceras y ponchallantas regados por
diferentes colonias.
Lo único que está normalizado es la mirada con la que enfocan a Reynosa los altos
mandos, como si con decirlo se volviera realidad…
¿Es Reynosa el municipio olvidado por el gobernador? Evidentemente la pregunta es
retórica, porque mientras desde el gobierno estatal se insiste en proyectar la idea de un
Tamaulipas seguro y con las situaciones de riesgo bajo control, en Reynosa la realidad
sigue desmintiendo ese discurso.
Han existido peticiones del alcalde, exigencias ciudadanas, pronunciamientos de
colectivos de búsqueda y, aun así, poco ha cambiado, como si la problemática no fuera
la que realmente es, porque no estamos hablando de simples “daños colaterales”,
como durante años quiso normalizarse desde ciertos gobiernos, estamos hablando de
personas con nombre y apellido que desaparecen o matan frente a sus hijos, de
familias enteras que se esconden en el baño de sus casas para no exponerse a las
balaceras que ocurren ahí, en sus banquetas; hablamos de la tranquilidad de toda una
ciudad que sigue esperando acciones concretas.
Y sin embargo la vida continúa, las personas, los de a pie, tenemos que salir a trabajar,
a hacer el súper, a llevar a los niños a las escuelas… Reynosa continua…
Este fin de semana se llevaron a cabo dos eventos para el divertimento de la familia
que contaron con gran audiencia; por una parte la presentación de la cantante
argentina Luli Pampín, que reunió a más de 15 mil personas en el Polideportivo durante
los festejos por el Día del Niño organizados por el alcalde Carlos Peña Ortiz a través
Gobierno de Reynosa.
El dato realmente importante fue que miles de niñas y niños se reunieron para cantar
juntos, sus padres estuvieron ahí, acompañándolos y, por unas horas, esta ciudad
acostumbrada a vivir entre alertas y sobresaltos, se enfocó únicamente en la alegría de
sus infancias.
Y es que hay que decirlo: este tipo de acciones NO RESUELVEN LOS PROBLEMAS
ESTRUCTURALES DE SEGURIDAD, pero sí cumplen una función social que muchas
veces se minimiza: una ciudad también necesita espacios de convivencia sana,
momentos de encuentro familiar y referentes distintos para sus niños, especialmente
cuando han crecido en contextos como el nuestro. Estas infancias, las que nacieron
con esta problemática presente en sus vidas, también merecen recuerdos luminosos.
El segundo evento fue la pelea de box entre Julio César Chávez Jr. contra Jhon
Caicedo, que reunió a más de 10 mil personas en el parque Adolfo López Mateos en
una noche que también convirtió al deporte en punto de encuentro para miles de
familias reynosenses.
Pero quizá lo más valioso ocurrió antes de subir al ring, cuando Julio César Chávez, el
ex campeón, visitó escuelas, convivió con jóvenes deportistas y habló sobre su
experiencia de vida en el box y de cómo el deporte puede convertirse en una ruta
distinta frente a la delincuencia o la drogadicción.
Y ahí está el punto de fondo: una infancia ocupada en el arte, la cultura o el deporte
tiene más herramientas para construir proyectos de vida lejos de la violencia. Mientras
el estado sigue fallando en garantizar seguridad plena, desde lo municipal se están
generando espacios que apuestan por algo igual de importante: darle a niños y jóvenes
razones para imaginar un futuro distinto.
Y en esa misma lógica vale la pena mirar lo ocurrido en Matamoros, donde el Gobierno
Municipal encabezado por el alcalde Beto Granados, reunió a más de ocho mil
personas en DIFZANIA, una jornada pensada para la convivencia familiar a través del
juego, dinámicas recreativas y actividades deportivas para niñas y niños.
En tiempos donde la conversación pública suele centrarse únicamente en crisis y
confrontación, estos espacios también cumplen una función social importante.
Y fue acertado el enfoque que Anita Granados, presidenta del Sistema DIF, dio al
evento al recordar que los verdaderos héroes de los niños suelen estar dentro de casa,
nosotros somos su ejemplo, padres, abuelas, hermanos y tías que sostienen, educan y
acompañan.
Y es que en estos tiempos donde la virtualidad suele saturarnos de información y las
infancias suelen volcarse en ellas, regresar el valor a la familia como primer espacio de
contención emocional y formación social resulta un mensaje contundente. También ahí
comienza la construcción de ciudadanos más sanos y comunidades más fuertes.
Mientras algunos siguen midiendo resultados únicamente en cifras, prensa y
declaraciones fuera de la realidad, la frontera sigue avanzando, resistiendo desde lo
cotidiano.
¿O usted qué piensa?
