Por José Ángel Solorio Martínez
Seguramente, el PRI tamaulipeco seguirá el destino del PRI coahuilense, en los comicios del 2027: la pérdida de su acreditación ante los órganos electorales -algunos le dicen registro; pero eso ocurre sólo a nivel nacional cuando obtiene menos del 3 por ciento de la votación-, que en términos llanos significa su inexistencia jurídica en la entidad.
Flotará en el viscoso limbo de la nada electoral.
Es decir: no pude formar parte de los órganos electorales; pierde el derecho de tener hasta representantes de casilla y otras prerrogativas, que sólo tienen las organizaciones políticas legalmente constituidas.
Y lo peor: no tendrán acceso al financiamiento público.
Eso, en verdad que duele.
Dolor que se incrementa, al ver los amplios tesoros que, por cada voto, reciben partidos como MORENA, PAN, MC y Verde.
En Tamaulipas cada elección es una especie de mutilación. Cada año electoral, pierde más y más militantes preferencias ciudadanas.
Hoy está en la cola del sistema de partidos.
No gobierna un solo municipio de los 43 y en el Congreso local, apenas opera lastimosamente una legisladora, que lejos de aportar al debate parlamentario disfruta soñando el dorado pasado que vivió.
Ningún partido lo quiere de aliado.
¿Por qué?
Es el partido que más negativos posee en el espectro electoral nacional; hecho que se agudiza en la región, por su larga historia de pillaje neoliberal. Representa más un lastre, que un impulso para la coalición que pudiera formar parte.
Sus liderazgos son prácticamente desconocidos y el aparato clientelar -CTM y CNC- quedó atomizado, fragmentado, por las prácticas neoliberales, por el desdén del PAN y el desprecio de MORENA.
Ya nadie quiere formar parte del PRI.
Se les dificulta encontrar líderes en los municipios, y se les complica sostener económica y organizativamente la instalación de sedes en las 43 ciudades.
Mucho más difícil es ubicar candidatos.
Remoto, muy remoto, se percibe la remontada del priismo tamaulipeco.
Sólo un milagro, puede llevarlos a presumir una alcaldía en el 2027.
Sólo un acto de conmiseración puede instalar en el Congreso a un diputado.
Muy seguramente, en el 2028, muchos priistas emigrarán a mejores opciones. MORENA, PAN y MC, los esperan con los brazos abiertos.
Ya se verá, si fue bueno o malo ese reciclaje.
Quedará un PRI, como esqueleto, caminando por los páramos tamaulipecos rogando por su reencarnación.
