- La exclusión sistemática de figuras de peso estatal revela una gestión que privilegia la lealtad grupal sobre la pluralidad democrática. Así funciona el control de acceso en un Congreso que hoy parece más una oficina privada que un Poder del Estado.
Por: Martín Díaz
En política, las formas son fondo. Y en el Congreso de Tamaulipas, las formas actuales están enviando un mensaje que debería encender las alertas: el recinto legislativo ha dejado de ser la “Casa del Pueblo” para operar como un antro de accesos controlados. Bajo el mando de Humberto Prieto, la pluralidad institucional ha sido reemplazada por un “derecho de admisión” donde el criterio de entrada no es la representación ciudadana, sino la cercanía con el anfitrión.
La alfombra roja del favoritismo
No es coincidencia ni cortesía. La recurrente pasarela del diputado federal Carlos Cantú Rosas por el Congreso local, con micrófono abierto y reflectores encendidos —como ocurrió este 5 de febrero incluso en la “mañanera” legislativa—, confirma que en este club hay socios fundadores con pase VIP. El problema no es la coordinación, sino la selectividad. Mientras a unos se les tiende la alfombra, a otros se les pone la cadena.
La “Lista Negra” de la Aduana
¿Dónde está el filtro? La gestión de Prieto parece padecer de una miopía selectiva. Si el objetivo fuera fortalecer a Tamaulipas, la agenda reflejaría la pluralidad de fuerzas que nos representan en la CDMX. Sin embargo, los pesos pesados de la Cámara Alta brillan por su ausencia en la agenda local.
Olga Sosa, Maki Ortiz, José Ramón Gómez Leal e Imelda San Miguel han sido borrados del mapa del Congreso. Ignorar a los senadores que definen presupuestos y reformas no es un desliz protocolario; es una torpeza estratégica de un “cadenero” que prefiere cuidar su puerta que abrir la mesa de negociación federal.
Excluir para no opacarse
La omisión no termina en el Senado. La pregunta es inevitable: ¿Por qué figuras con fuerza territorial como Mario “La Borrega” López o Cassandra de los Santos no reciben la misma apertura? La respuesta es simple: en el club de Humberto solo pasan quienes no incomodan, quienes no disputan los reflectores y quienes no le hacen sombra al anfitrión en turno. El miedo a ser opacado es el primer síntoma de un liderazgo pequeño.
El costo de administrar un club
Gobernar con el espejo en la mano siempre termina mal. No se puede exigir unidad hacia afuera cuando hacia adentro se normaliza el sectarismo. Las facturas políticas por esta exclusión se cobrarán completas cuando Tamaulipas necesite cerrar filas por su presupuesto.
El Congreso del Estado no es una plataforma de promoción personal ni una sucursal de intereses facciosos. Cuando el micrófono se abre solo para los amigos, la institución deja de representar a los tamaulipecos para convertirse en un Club Privado. Y los clubes no legislan: se protegen entre socios.
Ahí están los hechos, saque usted sus conclusiones.
