La salida de Inés… por ahí es

  • Una iniciativa fallida exhibe la descomposición interna del Congreso: la ineficiencia del área de comunicación permitió el error y ahora tendrá que asumir sus consecuencias.

Por Martín Díaz / Periodismo con Firma
Las grandes empresas y las oficinas públicas comparten una regla de oro: para que el engranaje camine, la estructura debe ser clara y las responsabilidades precisas. Cuando todos están en sintonía, la institución se fortalece y los objetivos se cumplen. Pero cuando una pieza falla y el error no se corrige a tiempo, cualquier esfuerzo colectivo termina por diluirse.

La crisis derivada por la propuesta de la diputada Cyntia Castillo para crear un Colegio de Periodistas es el síntoma de una maquinaria rota. Lo más grave es que, mientras el conflicto escala, queda claro que en el área de comunicación social fallaron en lo único que no podían fallar. Esa “torpe” iniciativa nació muerta, y la omisión de quienes debieron frenarla es una negligencia que el Legislativo no puede permitirse.

Es indudable que la responsabilidad de esta aberración recae, en gran medida, en el área de comunicación social. Su labor elemental era frenar el despropósito con fundamentos legales y políticos antes de que viera la luz. Si la propuesta avanzó sin que se le consultara, es síntoma de que su trabajo ya no es respetado; si se le consultó y no supo advertir el golpe, la negligencia es absoluta. De una u otra manera, cuidar la imagen de la institución era su tarea y fallaron.

Hoy, la diputada se dice sola. Asegura que el subsecretario de Gobierno, Rómulo Pérez, estaba al tanto. Sin embargo, el funcionario ya marcó distancia: afirma que el Estado no respaldará leyes que atenten contra la libertad de expresión. El escenario es de un cinismo absoluto: la diputada queda expuesta por su propia bancada y el subsecretario camina sobre la cuerda floja, pues admitir que conocía el plan sería confesar la sumisión del Legislativo ante el Ejecutivo.

Tendrán que buscar quién pague por esta aberración que quisieron imponer y lo más lógico es que sacrifiquen a quien debió operar la contención desde el área técnica.
El desempeño de Inés Figueroa al frente de esa área no resiste este episodio. No por el error en sí, sino por lo que revela: una oficina que ya no contiene, que ya no advierte y que ya no pesa.
Su permanencia no se explica por resultados, sino por inercias.
Cuando una institución pierde el oído, no es por accidente, es por omisión. Y toda omisión tiene responsables.
En este caso, la salida de Inés… por ahí es.
No es un juego de palabras… es la única salida.

Notas Relacionadas