Columna Rosa, sólo para Mujeres/ “El silencio que vuelve a latir: Nuestra Selección Mexicana”

Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.

El fragmento de Ana Martorell captura un momento colectivo extraordinario: un país que vuelve a sonreír, a cantar, a abrazar y a soñar.

Esa conmoción social —esa posibilidad de creer en lo imposible— no debe quedarse en un paréntesis emocional.

Para Javier Aguirre, el desafío fue convertir esa energía en proyecto sustentable: traducir ilusión en realidad, mantener activo el latido ciudadano y atender las urgencias cotidianas que siguen ahí cuando los reflectores se apagan.

Lo primero que viene para un líder en esa coyuntura es escuchar, no solo a los aplausos, sino las necesidades que permanecen en las filas invisibles: salud, empleo, seguridad y educación que abra puertas.

Un buen liderazgo, se mide en la capacidad de cohesionarse, distribuir responsabilidades y crear tácticas que funcionen tanto en la cancha como fuera de ella.

Liderar hoy exige humildad para reconocer límites, valentía para tomar decisiones impopulares cuando son necesarias y disciplina para rendir cuentas.

La esperanza que el país necesita no es una emoción efímera; es un recurso social que se pierde si no se cultiva.

La esperanza se entrena y se contagia cuando hay coherencia entre palabra y acción.

Aguirre articulo un plan con metas, promovió la participación ciudadana y reforzó instituciones locales, esa chispa puede encender proyectos comunitarios que reduzcan la distancia entre el gobierno y la calle.

Así, la esperanza deja de ser mera ilusión para convertirse en expectativa fundada en resultados.

Los episodios de euforia colectiva revelan lo mejor de una nación: su capacidad de unión y su necesidad de soñar.

Quien gobierna debe honrar ese regalo transformándolo en dignidad compartida.

Javier Aguirre tuvo la oportunidad de ser un conductor de esperanza responsable: dirigir con empatía, transparencia y medidas concretas que permitieron que el país no solo volviera a creer por un rato, sino que pueda dormir, día tras día, con la certeza de que alguien está pensando en su futuro.

Creo que esta metáfora aplica para todo, gobierno federal y estatales, sociedad, comunidad y familia.

Hoy me siento orgullosa de mi selección mexicana, emotiva con las muestras de cariño de nuestra gente a otros países que lo necesitan, tras los sucesos pasados en Venezuela y el gran compromiso de algunos líderes, que más que con palabras ponen el ejemplo con acciones

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