Columna Rosa, sólo para Mujeres/ “Energía solar térmica: avances en Tamaulipas y la UAT”

Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.

En América Latina la revolución energética ya no es solo eléctrica, ya que la energía solar térmica —el uso directo del sol para generar calor— ha encontrado en la región condiciones casi ideales para su expansión.

Países como Brasil y México reúnen alta radiación solar, mercados internos en crecimiento y marcos económicos que hacen atractiva la inversión.

A nivel macro, esta tecnología ofrece tiempos de retorno competitivos frente a soluciones fósiles, reduce la dependencia de combustibles importados y aporta a objetivos climáticos que muchos gobiernos han adoptado tras compromisos internacionales.

En México la dinámica es similar pero con matices propios me refiero a la diversidad climática y la demanda de calor para procesos industriales, calentamiento de agua y usos residenciales crean nichos donde la solar térmica demuestra su eficiencia y rentabilidad.

Políticas públicas que favorezcan incentivos fiscales, certificaciones y programas de capacitación pueden acelerar su implantación.

Asimismo, la adopción masiva contribuiría a aliviar la presión sobre la red eléctrica en picos de demanda y a disminuir emisiones de CO2 a escala nacional.

Bajando al plano estatal, Tamaulipas emerge como un ejemplo regional con potencial real para la escala de proyectos térmicos solares.

Gobernadores con visión ambiental y de desarrollo económico pueden articular inversión privada, apoyo institucional y formación técnica.

En ese sentido, el gobierno de Américo Villarreal Anaya (AVA) ha mostrado interés durante su administración en políticas de sostenibilidad que integren energías renovables como palanca de desarrollo.

Si el Estado de Tamaulipas consolida programas de apoyo para pymes y municipios, el impacto puede ser doble: generar ahorro energético local y abrir cadenas productivas vinculadas a la instalación y mantenimiento de sistemas solares térmicos.

En la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) estudiantes y grupos académicos ya toman protagonismo, desarrollan proyectos de diseño y prototipado, realizan estudios de viabilidad para instalaciones comunitarias y colaboran con empresas locales para aplicaciones industriales.

Su trabajo combina investigación aplicada y formación técnica, lo que crea capital humano capaz de llevar la tecnología del laboratorio al mercado.

Esa unión entre academia, gobierno y sector privado es la llave para transformar potencial en realidad.

Por lo que bien vale la pena resaltar que la energía solar térmica no es solo una solución técnica; es una oportunidad para recuperar control sobre recursos, reducir desigualdades energéticas y formar comunidades más resilientes.

Cuando gobiernos como el de AVA, universidades y ciudadanos se articulan, el sol deja de ser un recurso lejano y se vuelve calor que nutre hogares, fábricas y visualiza un mejor futuro para las generaciones venideras.

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