CORRESPONDENCIA/ ¿Quién está fallando?

Por José Luis Castillo

UNO.- Cuando los tropiezos son constantes y comienzan a formar un patrón, la pregunta ya no es si existe un problema, sino quién está fallando dentro del gobierno.

En Tamaulipas se acumulan episodios que exhiben deficiencias en la supervisión institucional y en la operación política. El caso de las escuelas militarizadas presuntamente irregulares, que cobró notoriedad tras la muerte de la menor Dafne; la investigación federal sobre una instalación clandestina para el procesamiento de combustibles en Reynosa; y los constantes episodios en los que el gobernador Américo Villarreal termina expuesto públicamente por reclamos ciudadanos o desencuentros políticos, dibujan un escenario que difícilmente puede atribuirse a la casualidad.

Hay que decirlo, el gobernador no puede estar en todas partes, pero para eso existe un gabinete, una estructura administrativa y un equipo de operadores cuya responsabilidad es anticipar los problemas, atender los focos rojos y evitar que las crisis de todo tipo lleguen hasta el escritorio del mandatario o, peor aún, que estallen frente a las cámaras, como sucede últimamente.

Cuando una madre o una abuela encuentra como única alternativa reclamar públicamente al gobernador; cuando un dirigente sindical lo desaira en un acto oficial; cuando son otras instancias las que terminan descubriendo irregularidades que debieron detectarse desde el ámbito estatal, el mensaje es claro: la operación política o estratégica está fallando y los mecanismos de supervisión no están respondiendo con la eficacia que la ciudadanía exige.

Lo preocupante es que, mientras el gobernador carga con el costo político de cada episodio, pareciera que algunos integrantes o “consentidos” de su equipo siguen más ocupados en las disputas internas, el protagonismo y las grillas de oficina que en hacer el trabajo para el que fueron designados. Un gobierno no puede sostenerse únicamente con discursos o eventos públicos cuando quienes deben operar detrás de escena permiten que los problemas crezcan hasta convertirse en crisis mediáticas y políticas.

La función de un operador político o estratega no es aparecer en la fotografía ni disputar espacios de poder como a la fecha sucede. Su obligación es construir acuerdos, escuchar, resolver conflictos y evitar precisamente que el titular del Ejecutivo sea quien termine enfrentando, una y otra vez, situaciones que pudieron atenderse con anticipación y en su caso pudiese haberse evitado.

Cada vez que el gobernador queda con la mano extendida, cada vez que un ciudadano rompe el protocolo para exigir justicia o cada vez que una autoridad federal descubre lo que las instancias locales no detectaron, no es únicamente la imagen del mandatario la que se desgasta. Es la percepción de la capacidad del gobierno para ejercer autoridad, coordinar a sus instituciones y responder a las demandas de la sociedad.

Si el equipo cercano al gobernador no entiende que su principal responsabilidad es proteger la gobernabilidad mediante trabajo político eficaz y resultados concretos, seguirá exponiendo al mandatario a escenarios innecesarios. Y cuando eso ocurre de manera reiterada, la responsabilidad ya no puede atribuirse exclusivamente a factores externos o a la oposición. También debe buscarse puertas adentro.

Gobernar implica asumir responsabilidades, pero también exigir resultados a quienes forman parte del primer círculo de decisión. Porque un gobernador puede marcar el rumbo, pero si quienes lo acompañan no saben operar, terminan convirtiéndose en el principal factor de desgaste de su propio gobierno.

La pregunta sigue vigente y cada vez cobra mayor fuerza: ¿quién está fallando? Más importante aún, ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un gobierno cuyos errores de operación terminan exhibiendo, una y otra vez, a su propio gobernador?

DOS.-Después de meses de incertidumbre, pérdidas económicas y un mercado deprimido, la reapertura gradual de la frontera norte para la exportación de ganado representa una esperanza para miles de familias que viven de la actividad pecuaria.

Aunque Tamaulipas aún espera la autorización para reincorporarse a las exportaciones hacia Estados Unidos, el anuncio de que Sonora iniciará este proceso y posteriormente Chihuahua marca el comienzo de una recuperación que los productores ven cada vez más cercana. La sola reactivación del flujo de ganado permitirá disminuir la sobreoferta que durante ocho meses presionó los precios en el mercado nacional.

En este escenario destaca la voz y el trabajo constante de José “Pepe” Guerrero Gamboa, quien desde la dirigencia ganadera ha mantenido una defensa firme de los intereses de los productores tamaulipecos.

La actitud del líder ganadero ha sido de perseverancia, insistiendo en que el estado ha cumplido con los protocolos sanitarios, el control del hato, el barrido contra enfermedades, la certificación y el areteado, con el objetivo de recuperar la confianza de los mercados internacionales.

La expectativa de que el precio del becerro pueda pasar de 85 a 130 pesos por kilogramo representa un alivio importante para un sector que ha soportado meses de bajos ingresos. No se trata únicamente de mejores números en las operaciones comerciales; significa la posibilidad de recuperar inversiones, fortalecer las unidades de producción y devolver certidumbre a quienes todos los días sostienen una de las actividades económicas más importantes del campo tamaulipeco.

El liderazgo también se demuestra en los momentos más difíciles. Mientras la frontera permanecía cerrada por la contingencia del gusano barrenador, José “Pepe” Guerrero mantuvo la confianza en que el trabajo técnico y sanitario realizado en Tamaulipas terminaría dando resultados. Hoy, aunque la apertura aún no alcanza al estado, el panorama comienza a cambiar y las expectativas son considerablemente más alentadoras.

La ganadería tamaulipeca sabe que todavía falta camino por recorrer, pero también entiende que la recuperación empieza con pequeños pasos. La reapertura de la frontera es el primero de ellos y, con ella, renace la confianza de un sector que nunca dejó de trabajar. Si las condiciones sanitarias continúan fortaleciéndose y las gestiones mantienen el rumbo, el anhelo de volver a exportar será pronto una realidad para Tamaulipas.

TRES.-En tiempos donde la inteligencia artificial suele asociarse con grandes corporaciones tecnológicas o con desarrollos multimillonarios, resulta sumamente alentador comprobar que la innovación también puede surgir desde un laboratorio universitario en Tamaulipas y, además, con un objetivo claro: resolver problemas reales del campo.

El proyecto desarrollado por Eliud Ávalos González, estudiante de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, demuestra que la ciencia aplicada cobra verdadero sentido cuando deja de ser un ejercicio académico y se convierte en una herramienta para mejorar la productividad, proteger el medio ambiente y ofrecer soluciones accesibles a quienes más las necesitan.

Su prototipo para automatizar la producción de lixiviados mediante lombricultura, utilizando inteligencia artificial e internet de las cosas, representa mucho más que un logro estudiantil. Es la prueba de que el talento existe, que las universidades públicas pueden generar tecnología de alto impacto y que la innovación no necesariamente depende de grandes presupuestos, sino de creatividad, investigación y visión.

El mayor mérito del proyecto quizá no radique únicamente en su complejidad tecnológica, sino en su enfoque social. Mientras buena parte de la innovación mundial busca satisfacer mercados de consumo, este desarrollo está pensado para fortalecer la producción agrícola, reducir costos, optimizar recursos y disminuir el impacto ambiental. Es decir, pone la tecnología al servicio de uno de los sectores más estratégicos del país.

No es casualidad que el proyecto haya obtenido el primer lugar en ExpoCiencias Tamaulipas. El reconocimiento confirma que cuando las instituciones educativas apuestan por la investigación aplicada, los resultados trascienden las aulas y comienzan a convertirse en alternativas viables para enfrentar desafíos económicos y ambientales.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas que a cabeza el rector Damaso Anaya Alvarado, vuelve a demostrar que su función no se limita a formar profesionistas. También genera conocimiento, impulsa innovación y contribuye al desarrollo regional, hay que decirlo.

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