- Petersen cuestiona la costumbre de los gobernantes de invitar al Papa como distractor en momentos clave, asegurando que la agenda del Vaticano responde a sus propios intereses y no a la política nacional
Ciudad de México.- En su más reciente análisis político, el periodista Diego Petersen reflexiona sobre la recurrente práctica de los mandatarios de invitar al Pontífice a sus respectivos países como un mecanismo de distracción frente a coyunturas complejas. Para el articulista, se trata de una fórmula desgastada que traspasa ideologías y posturas religiosas, convertida en un recurso habitual de la gestión pública.
Un “clásico” de la política para desviar la atención
Petersen señala que la solicitud de una visita papal se ha transformado en un instrumento recurrente al que acuden administraciones de diversos signos ideológicos cuando atraviesan momentos de presión o cuestionamiento.
“No sé en qué manual de manejo de crisis esté escrito ‘si su gobierno tiene problemas, invite al Papa’. Y si no está escrito aún, hay que registrarlo, pues es ya un clásico del manejo de crisis de los gobiernos”, afirma el periodista.
El columnista enfatiza que la efectividad de estas invitaciones no depende de las intenciones de los jefes de Estado, sino de los intereses geopolíticos y pastorales de la Santa Sede:
“Por supuesto que el Vaticano lo sabe, conoce los efectos que puede tener una visita papal a un país y su decisión muy pocas veces tiene que ver con la voluntad de una presidente o presidenta sino con las lógicas e intereses propios de la Iglesia católica”.
El antecedente de 2016 y la agenda de la Inteligencia Artificial
Al revisar la última visita de un Sumo Pontífice a suelo mexicano, el analista recuerda que el viaje de Francisco en 2016 no se alineó con las prioridades del Ejecutivo de aquel momento, sino con los temas prioritarios del Vaticano, tales como la atención a migrantes, los pueblos originarios y la revisión interna de la jerarquía eclesiástica local.
Respecto al argumento actual para promover una nueva visita —centrado en el debate sobre la inteligencia artificial y las herramientas digitales—, Petersen cuestiona la relevancia del contexto nacional frente a una discusión de alcance global.
“La Presidenta dice que quiere que el Papa venga para abonar a su agenda de debate sobre inteligencia artificial […]. Está muy bien que México se sume a este debate, pero evidentemente no somos ni el epicentro de la producción de IA ni el país más avanzado en las discusión técnica ni ética en esta materia”, sostiene.
Una práctica compartida por diversos liderazgos
Finalmente, la columna repasa cómo distintos líderes internacionales y mandatarios mexicanos han recurrido a este tipo de invitaciones sin que necesariamente se concreten las visitas, desde la etapa de José López Portillo hasta administraciones recientes en América Latina y Estados Unidos.
“Invitar al Papa es el lugar común más común de los presidentes, incluso de los que dicen no ser iguales”, concluye Petersen.
