- Problemas de movilidad, el incremento del costo de la vida y el desplazamiento de residentes superan por mucho a la expectativa de la celebración
Ciudad de México.- A pesar de que México será coanfitrión del Mundial de Futbol 2026, uno de los eventos deportivos más importantes a nivel internacional, los residentes de las sedes mundialistas, es decir, la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, muestran un bajo entusiasmo ante la justa, de acuerdo con un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El estudio demoscópico realizado en conjunto por el Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM y el Departamento de Geografía de la Universitat de les Illes Balears (España) revela que la población local anticipa un impacto negativo en su vida cotidiana y una distribución desigual de las ganancias económicas.
La investigación, aplicada a 460 personas de las tres urbes mundialistas, expone que los problemas de movilidad, el incremento del costo de la vida y el desplazamiento de residentes superan por mucho a la expectativa de la celebración. De igual manera, el documento metodológico externa una marcada desconfianza institucional enfocada en la falta de transparencia del gasto público y la propensión a beneficiar mayoritariamente al sector privado por encima de las comunidades locales.
Los resultados del muestreo (compuesto por 51 por ciento de mujeres, 47 por ciento de hombres y dos por ciento de personas no binarias) confirman que las principales alertas ciudadanas se concentran en el aumento del tráfico, los congestionamientos y la generación de ruido y contaminación.
La doctora Ilia Alvarado Sizzo, investigadora del IGg, explica que este torneo modifica la movilidad, el espacio público, el turismo y las dinámicas urbanas en general, por lo que “funciona como un espejo de las tensiones urbanas contemporáneas”.
Cambia la dinámica de la Copa del Mundo respecto a ediciones anteriores
A diferencia de ediciones anteriores del siglo pasado, el diseño actual del torneo responde a dinámicas distintas a las del juego mismo. De acuerdo con el investigador Luis Alfonso Escudero Gómez, de la Universitat de les Illes Balears, la ampliación de la competencia a 48 selecciones obedece más a la lógica del mercado, de la televisión y de las apuestas deportivas que a la esencia tradicional de este deporte.
El especialista subraya que existe una creciente mercantilización donde el espectáculo y los intereses económicos pasan por encima de la dimensión popular y social que caracterizaba al Mundial.
La derrama económica que acompaña a la Copa del Mundo no se traduce de forma automática en bienestar social para las ciudades anfitrionas. El doctor Álvaro López López, académico del IGg, argumenta que estos megaeventos funcionan como una especie de lupa sobre las desigualdades urbanas existentes, debido a que las inversiones tienden a concentrarse de manera exclusiva en corredores turísticos o áreas cercanas a los estadios para proyectar una imagen internacional de modernidad. (Por lo tanto), el Mundial puede terminar profundizando contrastes espaciales que ya existían.
El análisis de las zonas periféricas y los efectos ambientales resulta fundamental para comprender el descontento. Al respecto, el investigador posdoctoral Erick David García González destaca la complejidad social, económica y ambiental detrás del torneo, que abarca desde los desplazamientos de personas hasta la gestión de los residuos resultantes.
El especialista concluye que lo que pasa más allá de la cancha y los estadios pocas veces se difunde, lo cual otorga relevancia a la recolección directa de la opinión de los vecinos afectados.
