EN CONCRETO/ 16 AÑOS DE AUSENCIA…

Por Blanca Leticia Guerra
Hoy hace 16 años que mi hermano ÁNGEL ALBERTO GUERRA GUERRERO salió de
Reynosa con rumbo a Miguel Alemán y jamás llegó; jamás volvió.
Se vuelve importante mencionarlo, como a cualquier persona que, en medio de la ola
de violencia que desde hace poco más de dos décadas arreció en la frontera chica
tamaulipeca, fue víctima de desaparición forzada en medio del gobierno de Felipe
Calderón y su mal llamada “GUERRA CONTRA EL NARCO”.
Un detalle a destacar: mi hermano era periodista. Una joven promesa que a sus 27
años, en aquellos días de 2010, fue de los primeros en tener su página de noticias en
Tamaulipas, FORO POLÍTICO, la llamó. Una voz firme, poderosa y con poco o nada de
miedo al nombrar lo que por esos días pocos se atrevían.
Lo último que supimos de él fue que se detuvo en el camino para tomar unas fotos;
había una casa en llamas. Después paró en un banco a retirar dinero y de ahí se lo
llevaron. El banco proporcionó los videos, pero de su paradero, nada. Una llamada de
su número alrededor de las 3 de la tarde de ese mismo día… y luego, ya no hubo más.
Cuando recién falleció mi padre, me encontré con uno de sus amigos de toda la vida y
me dijo que unos meses atrás se había encontrado con papá en Miguel Alemán y,
cuando le preguntó qué andaba haciendo, le dijo: “ando buscando a mi hijo”… porque
mi padre, como muchos otros padres, nunca dejó de buscar a mi hermano, nunca dejó
de esperarlo.
Hoy en casa, como todos los días, lo recordamos, lo esperamos.
Y ¿cuántas familias hay que, en medio de la angustia y la desesperación, siguen
buscando a sus seres queridos? No solo en esta frontera, porque este fenómeno se ha
extendido por todo el país con ciertas variantes, tal es el caso de EDIT GUADALUPE
VALDEZ SALDÍVAR, que el 15 de abril de este año salió de su casa en Ciudad de
México a buscar trabajo; el 17, dos días después, encontraron su cuerpo sin vida
dentro de una bolsa negra, como las de la basura.
Entre estos dos días, al ver la falta de eficacia del trabajo que se estaba realizando por
las autoridades, la familia hizo su propia investigación, obteniendo fotos que evidencian

la entrada de Edit Guadalupe al edificio ubicado en la colonia Nonoalco, en la alcaldía
Benito Juárez, donde tenía su entrevista de trabajo, pero jamás salió de ahí.
Las autoridades, que se supone deberían indagar sobre lo sucedido, intentaron
extorsionar a los familiares para entonces desarrollar su trabajo…
Al día de hoy, la información oficial identifica a Juan Jesús N. como presunto
responsable; sin embargo, hay información adicional circulando en redes sociales que
apunta, a través de fotografías, el contacto con un funcionario público extranjero.
La presidenta Claudia Sheinbaum, en la mañanera de hoy, lamentó el feminicidio de
esta joven y anunció el cese de los funcionarios por pedir dinero para realizar su
trabajo… pero supongo, o sé, que esto para nada es suficiente para la familia de EDIT
GUADALUPE VALDEZ SALDÍVAR.
Por otras razones, quizá no a causa de la guerra contra el narco, pero esta es también
una desaparición forzada; en este caso terminó en feminicidio.
Viene a mi mente la pregunta: ¿qué sería mejor o menos doloroso para las familias:
encontrar el cuerpo, aunque sea sin vida, o que permanezca la esperanza de que quizá
su familiar o amigo siga por ahí, desaparecido?
Este tipo de preguntas no deberíamos hacérnoslas. ¿Qué están haciendo las
autoridades para disminuir las cifras de este fenómeno que vivimos? Ah, pero el
mundial, ahí sí hay que invertirle…
Y ¿qué pasa con los que nos quedamos esperando, con las familias, esposas, hijos de
las personas que no vuelven a casa por una situación de este tipo?
En Reynosa, aunque estos delitos le corresponden a la Fiscalía Especializada en
Investigación de los Delitos de Desaparición Forzada (FEIDDF), ante la situación y
tratando de cobijar a quienes buscan y esperan, ofrecen apoyos económicos a través
de la Secretaría de Bienestar Social, además del apoyo jurídico y psicológico para los
familiares.
No es un gesto menor; los daños colaterales para las familias que viven esta
lamentable situación son muchos. Pensemos primero en la desinformación sobre los
protocolos de búsqueda: entonces está el apoyo jurídico; en el efecto mental y
emocional que genera la angustia de no tener información sobre tu familiar
desaparecido: entonces está el apoyo psicológico; y finalmente, en los gastos que

implica salir a buscar o, en el caso de desaparición de padre o madre, el desamparo
económico que queda en la familia: entonces está el apoyo económico.
Después de muchos años con este tema en Reynosa, a principios de este año el
alcalde Carlos Peña Ortiz, a través del Gobierno Municipal, asignó un presupuesto
para dar apoyo a 1800 familias reynosenses que siguen buscando a sus familiares. La
información completa sobre los requisitos para acceder a este apoyo se puede revisar
directamente en la secretaría correspondiente.
Sin duda, un tema indignante, porque en este país la ausencia dejó de ser excepción
para convertirse en costumbre, en cifra, en expediente; y mientras las familias siguen
buscando entre fosas, oficinas y promesas incumplidas, la deuda del Estado crece en
silencio, sin justicia y sin verdad.
No se trata solo de recordar, sino de exigir que nadie más tenga que aprender a vivir
con una silla vacía, con una llamada que nunca llegó, con un nombre que se repite
todos los días para no desaparecer también en la memoria.
¿O usted qué piensa?

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