Columna Rosa, sólo para Mujeres/ “Recuperar la brújula moral de la izquierda”

Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.

La izquierda mexicana tuvo, en la etapa cardenista, una fuerza moral y política que hoy conviene recuperar sin caer en nostalgias vacías.

El Expresidente Lázaro Cárdenas entendió que gobernar no era solo administrar el poder, sino poner al Estado al servicio de la justicia social, la soberanía nacional y la dignidad de los sectores más vulnerables.

Esa lección sigue siendo vigente para la Cuarta Transformación, que necesita ir más allá del discurso y traducir sus principios en resultados tangibles.

Lo mejor de aquella izquierda no fue la propaganda, sino su vocación de transformar estructuras.

La defensa del petróleo, el impulso al reparto agrario, el fortalecimiento de la educación pública y la cercanía con obreros y campesinos mostraron una idea clara de país: uno donde el bienestar colectivo estuviera por encima del privilegio.

Recuperar ese legado hoy significa rescatar valores como la austeridad republicana, la honestidad, la planeación de largo plazo y la sensibilidad social.

No se trata de repetir fórmulas del pasado, sino de adaptar sus principios a los retos actuales.

En el presente, una izquierda verdaderamente útil debe demostrar capacidad para gobernar con eficacia y con ética.

Eso implica combatir la corrupción no solo en el discurso, sino en la práctica cotidiana de los gobiernos.

Implica también fortalecer los servicios públicos, mejorar la educación, garantizar acceso a la salud y promover oportunidades reales para jóvenes, mujeres y trabajadores.

La izquierda pierde legitimidad cuando se aleja de la gente; la recupera cuando escucha, corrige y sirve.

En ese sentido, la Cuarta Transformación tiene una responsabilidad histórica: no convertirse en una simple maquinaria electoral, sino en una plataforma de renovación democrática.

Para lograrlo, debe retomar la idea de que el poder público tiene sentido solo si produce verdadero bienestar.

La justicia social no puede quedarse en un solo programa; debe verse reflejada en escuelas dignas, hospitales funcionales, obras útiles y autoridades cercanas a la ciudadanía.

La congruencia entre lo que se promete y lo que se hace es la base de toda credibilidad.

Bajo el gobierno de Américo Villarreal Anaya (AVA) el estado enfrenta el reto de consolidar una administración que combine desarrollo, seguridad y confianza ciudadana.

En municipios estratégicos como Altamira, donde la actividad económica y portuaria es clave, el gobierno local encabezado por Armando Manríquez tiene la oportunidad de demostrar que la izquierda también puede gobernar con orden, eficacia y sensibilidad social.

Si ambos niveles de gobierno apuestan por la transparencia, la infraestructura social y la participación ciudadana, podrán acercarse a ese ideal de gobierno que alguna vez encarnó la izquierda mexicana más generosa.

La recuperación de los valores de aquella izquierda no depende solo de los partidos, sino de una convicción ética más profunda: gobernar para todos, pero con prioridad en los que menos tienen.

Por lo que bien vale la pena resaltar que la política solo tiene sentido cuando protege la dignidad humana.

Debemos recuperar la mejor estrategia del pasado apostando por un país donde la justicia, la solidaridad y el bien común estén por encima de la ambición y la indiferencia; Esa es la tarea más noble que cualquier gobierno debe aspirar.

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